miércoles, 18 de agosto de 2010

Icaro nocturno


El instante del ocaso, una vista perfecta hacia el vacío insondable. La sensación efímera del viento penetrando levemente el plumaje multicolor de tus sensibles alas en una cadenciosa invitación al vuelo ensoñador. Un último rayo de sol juguetea en el horizonte buscando la absolución y el descanso aterciopelado que brinda la noche en su plenitud.
Levantas entonces el vuelo sobre la brillante ciudad que lanza un desafío a las lejanas estrellas con sus luces eléctricas, luces y espacios que te hablan del ahora, del instante, de lo único que puede resultar ser la realidad para ti, pues el pasado ya murió y el futuro es incierto. Dejas entonces que las alas de tu energía mental y espiritual se expandan hacia el universo conocido en busca de fragmentos olvidados en el viento, percepciones diversas que conformarán un pequeño paisaje del Todo donde podrás volar por un tiempo con la certeza de que nada es real, la realidad no existe, la objetividad pura es imposible, esta fragmentada y es infinita en la posibilidad de sus juicios.
Respiras libertad. O eso crees. Planeas suavemente en las corrientes nocturnas de aterciopelada oscuridad buscando la hace mucho presentida esencia de tu ser, pero hasta ahora solo ha sido eso, ligeros reflejos de lo interno, un caótico presentimiento de lo que puede ser y está a punto pero no logras hacer surgir, la necesidad interna de expansión expresiva. Mas la explosión realmente es inminente, después de siglos de vagabundeo mental has logrado reunir suficientes fragmentos de inexistencias y seguridades personales que logran poco a poco conformar un todo expansivo que quiere crear, que busca el conocimiento de lo indefinible, de lo sensible y olvidado, para lograr formar un verbo y construir carne mediante el verbo. Sangre de vida, ansias de vida, inquietudes constantes, afirmaciones taciturnas, pensamientos pasajeros, instantes de lucidez mental, todo se conjuga en un instante y las posibilidades son infinitas, el ser puede nacer.
Y te regocijas interna y externamente mientras planeas juguetonamente con los vientos inconclusos en los rincones boreales del no espacio-tiempo, tu ser esta a punto y fluye abundante llenando toda percepción de significado, de valor, de luz, oscuridad y reflejos infinitos y caleidoscópicos del Todo percibido a partir de los fragmentos desgarrados de la vida. Agua, fluidez, la armonía de los opuestos que se conjugan en un solo foco de entendimiento. Libre como el viento, movimiento constante de un río interno de energía pura.
… y de repente la carne, no la tuya que forma parte de la polaridad de tu renaciente ser y se regocija del reconocimiento de si misma, solo esa carne ajena que ata y golpea el espíritu confundiéndolo una vez mas. Lluvia de cuerpos en medio de la noche, cuerpos desnudos y muertos que caen en picada hacia el abismo existencial de la realidad establecida. Cuerpos que arrastran tu vuelo haciéndolo fluctuar en la indesicion repentina y conduciéndote hacia una caída infinita de dolor terrenal, un dolor que nada tiene que ver con la tierra que es pura en su esencia, un dolor terrenal que construyen cotidianamente los humanos mismos diciendo “esto es la realidad y nadie puede estar fuera de ella, es imposible y no lo permitiremos, nada puede haber mas allá de esta realidad”. Lluvia de cuerpos desnudos que golpean lo efímero y te arrastran en su insensible caída, en su insensata carrera hacia la muerte definitiva que no permite el ahora, solo habla del pasado y la muerte del instante, la desapreciacion del fragmento temporal. Y te arrastran esos cuerpos, te arrastran inevitablemente hacia un destino cierto, el choque y la destrucción. Y chocas sordamente contra el áspero cemento mientras la lluvia de muertos continua implacable sepultándote, atándote a la carne sin sentido, arrastrándote hacia el abismo social, la reunión plena de las inexistencias que destruyen lo poco que queda ya de tu multicolor ser…
Distorsión mental producto de la carne enferma, delirio, fiebre, angustia y vértigo.
Una pesadilla más.
Te estremeces desde las raíces de tu ser.
Abres los ojos y continúas tu camino….

2009

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